Acompaño a padres separados que sienten que están perdiendo el vínculo con sus hijos a recuperar su fuerza, reconstruir su confianza y convertirse en el padre que sus hijos necesitan.
Cada visita acaba con tensión o distancia. El vínculo se debilita y no sabes cómo frenar ese deterioro.
Reaccionas antes de pensar. Después lo lamentas. Y ese ciclo se repite una y otra vez destruyendo lo que más te importa.
Ya no te reconoces. La separación ha erosionado la imagen que tenías de ti mismo como padre y como hombre.
Todo lo que intentas escala el conflicto. Y en medio de esa guerra, tus hijos quedan atrapados sin poder elegir.
Sientes que los están usando. Y no sabes cómo responder sin empeorar la situación o dañar a tus hijos más aún.
Nadie a tu alrededor entiende de verdad lo que vives. Y esa soledad lo hace todo más pesado, más oscuro, más difícil.